Mi Dios, mi héroe

El feliz año nuevo del 31 de diciembre me sonó más vacío que nunca. Y eso que yo nunca espero nada de fechas tipo año Nuevo, Navidad o Día de la Madre. Los que me conocen lo saben bien. Hasta me burlo de esos días y canto ven a matar a papa Noel. Esta vez el feliz año nuevo me sonó no solo insípido sino cachaciento. No es para menos. Lo recibí en el Hospital Almenara. Internando a mi padre de emergencia, a la medianoche. Mi hermana, que se supone vino de Argentina con su familia para pasar juntos estas fechas, después de trece años de ausencia me acompaña en estos tristes momentos. “Feliz Año Nuevo… bueno, es lo que se dice”, me susurró, mientras me abrazaba fuerte, fuerte. Las lágrimas me caían, inevitables. Ella  también lloraba. Y mi padre, ingresaba a la cama 9 de Cirugía. Diagnóstico de EsSalud de Vitarte: Neoplasia maligna avanzada al páncreas, con metástasis. Sé que no hay nada que hacer y me preparo para el desenlace fatal en cualquier momento. Ya hasta oxígeno le han puesto.Los que creen en milagros, están pidiendo uno para mi adorado padre, el gran papá Bonchi, aquel que era capaz de levantar hasta 150 kilos en el gimnasio hace apenas un par de meses. Los que creen en Dios, también están orando por él. Yo solo pido no tener una lágrima más, para que los que me conocen no se den cuenta que también estoy muriendo por dentro. Feliz año nuevo para todos.

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