Ecos del debate presidencial 2011

El morbo es el morbo. Y sino, pregúntenle a los y las imprudentes que con camaritas fotográficas en mano se arremolinaron en las zonas cercanas al mar con la esperanza de captar el tsunami.

Precisamente ese mismo morbo hizo que muchos sintonizaran el “debate” presidencial de anoche: esperaban algo diferente, menos una “exposición de ideas”. Eso sería como ir a una pelea de gallos y encontrarse con dos ejemplares que se amenazan con la mirada pero nadie clava ni navajas ni nada.

Ya, digámoslo claro: los que siguieron el “debate” querían una masacre verbal de quien sea contra quien sea, que alguno de los candidatos impacte con su presentación, o que alguien sea el diferente de la noche.

Parece que de esto solo estaba conciente un tal Ricardo Noriega, que hizo su show y hasta sacó un chicote para azotar a varios de los allí presentes. Eso, de ninguna manera quiere decir que fue el mejor de la noche. Pero logró visibilidad mediática, que es el primer paso para captar votos.

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