César Lévano en libertad

No exagero si digo que una de las razones por las que decidí estudiar periodismo en la UNMSM fue porque soñaba trabajar algún día como locutor en una radio, ya de manera profesional, y porque quería aprender todo lo que pudiera aprender de un tal César Lévano.

Para ese entonces, gloriosos años 80, al maestro yo lo veía rugiendo en los programas de televisión con los predecesores de Aldo M., y por eso lo admiraba. En cambio, en las aulas sanmarquinas era (yo lo sentía) diferente: no levantaba la voz sino para pasar lista de asistentes. No se exasperaba cuando alguien se equivocaba y más bien actuaba como aquel padre que guía la mano del hijo en sus primeros trazos de lápiz.

Pasado los años puedo decir que el aprendizaje con el maestro es la mayor riqueza que tengo. Y una joya de esa riqueza es esta escena: el profe que entra a eso de las 8:30 de la mañana, el profe que se disculpa por la tardanza de diez minutos, el profe que al terminar la clase de Redacción I nos anuncia que conducirá un programa en una nueva radio, y mis ojos que brillan de emoción.

“Les pido, si pudiéramos, correr un par de horas las clases ya que seré conductor de un programa político en una nueva radio. A propósito, es posible que necesiten practicantes. Si hay algún interesado en hacer radio, pues pregunten por Rosa del Piélago, que también es sanmarquina”, dijo. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Al día siguiente estaba yo en la salita de recepción de Antena Uno (que así se llamaba la nueva radio), nervioso pero al mismo tiempo, optimista porque me sentía en lo mío, la narración de noticias. Cecilia Laca Sánchez, la directora,  dio su veredicto sobre el casting: “Estás bien, pero por ahora tenemos el equipo de locutores completo”.

Recuerdo que antes de que me diga chau, apelé a mi arma secreta. “También soy redactor. Me gustaría que me tome una prueba”. Me miró, sonrió y con la cabeza me invitó a una máquina de escribir. Minutos después, mi primera carilla de textos radiales estaba en sus manos, previa luz verde del entonces jefe de informaciones,  Ricardo Montero. “Estás bien, vas a ser el redactor de los fines de semana”.

Así comenzó mi vida periodística en una radio de Lima. Gracias a las enseñanzas del maestro Lévano, de quien sigo aprendiendo aun cuando ya no estoy en las aulas. Gracias al maestro Lévano, quien sigue enseñando aun cuando puede estar momentáneamente detenido.

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Un pensamiento en “César Lévano en libertad

  1. Qué injusticia cometemos contra el maestro César Lévano, digo cometemos porque muchas veces sólo nos atrevemos a hablar y protestar desde nuestras sillas sin movernos…Gracias Javier por dedicar un espacio al maestro del periodismo…

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