Cáncer, muerte, indulto…

Anoche vi la muerte pintada en una lengua. Sonreía la cojuda. Se preparaba para tener un nuevo huésped en su gélido aposento. Se frotaba las manos mientras su cómplice, el cáncer, carcomía y carcomía.

Anoche vi la muerte pintada en una lengua. Salivaba ya, despreocupada, ante la posibilidad de que el indulto se lo quitara de las fauces. Sabía (sabe, siempre lo supo) que la presa elegida es la presa elegida y que esa elección nadie lo puede disolver, disolver.

La lengua yacía inerme, orgullosa, dictatorial. En nada parecido a la cantuta en flor. “Querido pueblo perguano”, quería decir pero todo quedó en deseo. Nada más un gemido emitió. Bien dicen que tarde o temprano, la muerte llega. Curioso. Algo parecido dicen de la justicia: tarda pero llega.

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